QUÉ QUEREMOS COMUNICAR
¿Toda construcción es arquitectura?
La definición oficial responde con frialdad:
No. Toda construcción no es arquitectura.
Arquitectura: arte de proyectar y construir edificios.
Lo decisivo está justo en esa palabra: arte.
No habla de estética ni de apariencia. Habla de proceso.
Un arquitecto no dibuja volúmenes: interpreta una realidad ilimitada y la traduce en una forma habitable. Debe comprender personas, usos, estructuras, normativa, economía, clima, historia. Debe observar antes que proyectar, escuchar antes que imponer. Solo entonces responde.
Por eso la arquitectura es una práctica compleja: porque toca lo humano.
Y lo humano jamás es simple.
“No hay nada tan pernicioso como un ideal y nada tan liberador como una realidad, sea la que sea.” — Pablo d’Ors
Ese es el corazón del oficio: no partir de un ideal sino de lo real.
Responder al presente para proyectar un futuro posible.
THE ARCHITECT
La miniserie The Architect, premiada en Berlín en 2023, plantea una pregunta incómoda: ante el precio inasumible de la vivienda, una arquitecta decide vivir en una plaza de aparcamiento.
No es un gesto romántico. Es un espejo brutal: cuando la realidad aprieta, el diseño debe dejar de ser preferencia y convertirse en herramienta.
La ficción nos obliga a mirar la urgencia: ¿estamos construyendo para el mundo real o para nuestros esquemas mentales?
Los arquitectos Peris+Toral llevan más de quince años respondiendo a esa pregunta. Sus proyectos no cumplen únicamente con la función del presente: preparan el espacio para el mañana. Diseñan plantas semienterradas con ventilación e iluminación natural, y crujías mayores que la estándar para permitir futuros usos: viviendas, espacios comunitarios, programas culturales.
No diseñan edificios: diseñan posibilidades. Tiene sentido. Si el paradigma laboral cambia —menos desplazamientos—, si las familias se reducen y la población envejece, ¿por qué insistir en tipologías rígidas? ¿Por qué seguir utilizando los espacios como si el mundo no hubiera mutado?
DE LA ARQUITECTURA AL LIDERAZGO ORGANIZATIVO
Las organizaciones cometen el mismo error que la mala arquitectura: construyen para un ideal abstracto, no para una realidad concreta.
Diseñan webs para inversores imaginarios, valores para presentaciones corporativas, marcas para “posicionarse”, estructuras para “escalar”. Y cuando el contexto cambia —equipos jóvenes, talento remoto, nuevas demandas del mercado— intentan forzar al mundo a caber en sus planos.
Eso no es arquitectura. Eso es decoración.
La arquitectura —y las organizaciones que maduran— hacen otra cosa:
Observan el presente sin juzgarlo.
Identifican necesidades reales.
Diseñan soluciones que no colapsen con el tiempo.
Preparan espacios (y decisiones) que puedan transformarse.
No construyen para gustar. Construyen para que la vida ocurra.
La pregunta no es “cómo queremos vernos”, sino “qué realidad queremos sostener”. Y esa pregunta separa un edificio de una obra, un negocio de una organización y un logo de una identidad.