No. 30. Cómo tener menos y mejores reuniones.
/ idea
Una hora.
Una ventana.
Una sola oportunidad para resolver todas las dudas necesarias para poder avanzar en el diseño y entregar a tiempo.
En 2019 me surgió una oportunidad de moverme a un estudio de arquitectura pequeño que acababa de ganar el concurso para diseñar la arquitectura interior de las oficinas de Google en Madrid.
En ningún momento pensé que diseñar las oficinas para la empresa que había, como quien dice, inventado la “oficina moderna” fuera a ser fácil.
Sin embargo, no me esperaba encontrar la exigencia donde la encontré.
Una hora.
Una ventana.
Y es que así era. Google sólo nos dejaba hablar con ellos en una videollamada semanal de una hora. Ni un minuto más.
No había emails. No había llamadas.
Al principio me sorprendió mucho ya que en los estudios en los que había trabajado, se tenían reuniones presenciales de vez en cuando, pero la comunicación solía ser por email.
Hilos interminables. Dimes y diretes. “Como ya te comenté en el email de hace dos meses”. Vaya, una ineficiencia que es desgraciadamente muy común pero que en realidad es prescindible.
/ oficio
Puede sonarte frío.
Puedes cuestionarlo.
Puedes pensar que no encaja en tus proyectos.
Pero para mi es, con diferencia, la mejor forma de controlar tu tiempo.
¿Porque, cuál es la alternativa?
Trabajar a golpe de llamada. Que el cliente pueda interrumpir tu jornada en cualquier momento. No poder organizar tu jornada. No saber cuándo terminará una reunión.
Caos.
Además, contar con una única ventana obliga a algo muy sano: consolidar todo lo que necesitamos ver, confirmar, revisar, aprobar… en un solo documento.
No llegas a la reunión a improvisar; llegas con el trabajo ordenado.
A mi me gusta estructurar cada presentación en cinco puntos:
Contenido y propósito.
Calendario con hitos.
Decisiones pendientes.
Contenido a revisar (imágenes, planos, dudas...)
Próximos pasos.
Por cierto, si quieres la presentación base que uso, pídemela por correo.
Y si este recurso te parece útil, te animo a que explores más sobre Proceso, el servicio con el que construyo los protocolos de trabajo interno de estudios de arquitectura.
/ resonancia
Le Corbusier dividía el día. Las mañanas, desde las ocho y media hasta el mediodía, las dedicaba a pintar, dibujar y escribir en su estudio: las llamaba la parte más fértil de su jornada. Solo por la tarde, a partir de las dos, entraba en el atelier de la rue de Sèvres a reunirse con su equipo y atender el despacho. Sostenía que aquellas mañanas en soledad eran las que sostenían su arquitectura.
— Mason Currey, Daily Rituals: How artists work (2013)
Feliz de tenerte,
Carmen