EL PROPÓSITO ES ESTRUCTURAL


Este museo es obra del arquitecto japonés Tadao Ando, en colaboración con el diseñador de moda Issey Miyake. Inaugurado en 2007, se encuentra en Tokyo Midtown, Akasaka, un enclave silencioso y extremadamente cuidadoso con su propio orden.

A medida que caminas por el barrio, tienes la sensación de que estás invadiendo un templo invisible. No quieres hacer ruido. No quieres perturbar nada. Los guardias parecen guardianes de un equilibrio. Todo huele a aire limpio, a café tratado con respeto, a una calma que no necesita ser declarada.

En el parque Hinokicho, la arquitectura asoma apenas sobre la rasante, como si no quisiera ser vista. Se muestra con un gesto mínimo: una cubierta metálica que se pliega sobre sí misma, poderosa y delicada. Es la pieza esencial del conjunto, la traducción exacta de una filosofía.

Issey Miyake dedicó años a experimentar con tejidos que no se impusieran al cuerpo, sino que lo acompañasen. Encontró el material perfecto en un pañuelo de seda: no resiste el movimiento, lo celebra. De ese descubrimiento nació su técnica de plisado —no como ornamento, sino como manifestación de una idea.

Ando entendió que no debía diseñar un edificio “inspirado” en Miyake.
Debía convertir el plisado en arquitectura, del mismo modo en que Miyake lo convirtió en tejido. La cubierta metálica no explica nada. No traduce literalmente. Solo revela: el gesto que convierte el cuerpo en obra y la obra en lenguaje.

Y uno, Un museo así, entiende que la colaboración no consiste en sumar talentos: consiste en encontrar la raíz común que sostiene dos trayectorias distintas.

En el arte y en las organizaciones ocurre lo mismo:
la identidad no se “aplica”, se traduce. Lo que no parte de la raíz, se desvanece.

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